Racismo en América

Por Dra. Ana Nogales

La mujer ha sido históricamente maltratada, no sólo en latinoaméricana sino en todo el orbe.
Herida y asesinada en guerras, donde sus esposos han sido torturados, secuestrados o asesinados, donde ha perdido a sus hijos quienes no siempre han ido a la guerra voluntariamente, la mujer es víctima de guerras que ella no ha iniciado.
No sólo ha sido y sigue siendo víctima de la pobreza, injusticia, vejaciones y violaciones, sino también ha sido víctima de violencia en su propio hogar.

La pobreza en la que muchas mujeres viven aún en este país, afecta el cuidado de la salud y las posibilidades de mejor educación. La pobreza es más feroz cuando la mujer no tiene oportunidades de educación superior ni bienestar económico. Sin educación, las mujeres que tienen a su cargo la responsabilidad de los niños, no tienen acceso a prevenir enfermedades ni recursos para su tratamiento.

Las mujeres aceptan muchas cosas que la mayoría de los hombres jamás tole-rarían, y lo hacen por sus familias. Las mujeres aguantan demasiado cuando tienen muchos hijos y temen que el hombre se vaya de la casa, ya que no hay trabajo para ellas, o bien ese trabajo no es remunerado lo suficiente como para poder mantener a su hijos. La dependencia económica a través de generaciones la ha formado de tal manera que aprendió a tolerar lo intolerable. Aún cuando las oportunidades como las que ofrece los Estados Unidos ponen a la mujer en una posición más equitativa aunque no igualitaria, lleva más de una generación rever los prejuicios establecidos para ella.

Siendo la mujer producto de ese maltrato, es paradójicamente la mujer quien está a cargo de traer paz y armonía al hogar y al mundo. Es así como continúa creando organizaciones comunitarias, no importa cual sea su religión, para brindar opciones a niñas y otras mujeres, invitándolas a descubrir posibilidades.
El poder de la mujer cuando se une con otras mujeres es extraordinario, porque son hermanas alrededor del mundo. Juntas crean conciencia de la hostilidad que existe en el mundo y de la violencia que no merecen. Cuando se dan cuenta de sus fuerzas, pueden tomar distancia de la violencia y no unirse a ella para lucharla, sino que engendran la paz que ellas mismas desean.

Cuando la mujer usa su poder en forma positiva, se une a una energía común a todas ellas, y puede soñar con el resto de la mitad del mundo por el futuro que todas queremos. Cuando la mujer llega a tomar contacto con su realidad, puede entonces llegar a no sólo sobrevivir sino a vivir y permitir vivir. Es la mujer quien ya no tolera la segregación en las comunidades, el racismo y la discriminación, la hostilidad de la sociedad en que vive ni la que existe entre los pueblos del mundo, ni las condiciones inhumanas de vida.

Hoy en día, las mujeres de todo el mundo han tomado conciencia de su invisibilidad en las fuerzas políticas, y en la justicia que no las representa, y saben que su lucha está en alcanzar representación en la vida política en forma equitativa, de manera de llevar su voz, que al fin y al cabo, es la voz de la fami-lia. En este momento, mujeres de todo el mundo están viendo lo que está ocu-rriendo en este país, porque somos admiradas y emuladas, criticadas y abo-rrecidas por todo el mundo.

Los cambios no los puede hacer una sola persona. Se requiere de liderazgo y de llegar a obtener la suficiente cantidad de mujeres preparadas para que los cambios que todas deseamos ocurran. Es así como organizaciones nacionales de mujeres latinas, tales como MANA, LAS COMADRES PARA LAS AMERICAS, HOPE, NATIONAL HISPANIC LEADERSHIP INSTITUTE, y tantas otras que se dedican a crear comunidades de apoyo y desa-rrollar liderazgo sin fines de lucro, tienen como objetivo enriquecer a la mujer para producir cambios.

Hoy en día, ya no puede existir bienestar cuando la mitad de la población no tiene los mismos recursos para lograr estabilidad y seguridad, y cuando todavía es víctima de todo tipo de violencia, que en definitiva es violencia contra la humanidad.

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