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Doctora Martha Lucero, D.D.S.

 

Con fe y determinación implacables, la doctora Martha Lucero absorbe conocimientos con avidez y se actualiza constantemente; se exige exceder. Y en este país, con celeridad, rivalida su título en UCLA, abre consultorios, adopta la práctica holística para cuidar a sus pacientes con visión humanística e integral. Trasciende fronteras llevando curación y dignidad a los más desamparados a través de los Apóstoles de la Salud; dicta seminarios enriqueciendo a sus pares y es la primer mujer latina que recibe un diploma para hacer implantes orales, juntamente con la dentista que trabaja con ella. Sensible, generosa y espiritual, envía su mensaje de fe y esperanza por radios, artículos, poemas y acciones. Y, no descansará hasta no materializar su sueño de construir un hospital gratuito en Tijuana para apaciguar el dolor, para curarlo y para que su comunidad necesitada pueda erguirse fortificada y saludable.

 

La doctora Martha Lucero nace en el Distrito Federal y es la más pequeña de seis hermanos.

Su padre es de la ciudad de México, y su madre, oriunda de Michoacán emigra con toda su familia al Distrito Federal, no tanto por cuestiones de la revolución sino de los Cristeros. Su madre queda huérfana de padre a temprana edad, tres de sus hermanos siguieron el sacerdocio. Su familia era muy religiosa.

“Tuve mucha influencia de un tío sacerdote, él era muy preparado, parte de su formación la tuvo en España. Para mi madre, el estudio era básico, muy importante”, dice la doctora Martha Lucero.

 

Su padre se recibió de la preparatoria en los Estados Unidos, tuvo cierta preparación y varios trabajos, estudió para técnico automotriz pero regresó a México y después decidió iniciar la carrera de odontología. Estudió y se recibió de dentista pero cuando terminó su carrera descubre que eso no era lo suyo. Nunca la ejerció, no le gustaba estar encerrado. Finalmente estudió para ser guía de turistas y se dedicó a eso. “No lo culpo, la odontología necesita mucha dedicación, estar encerrado y eso no era lo suyo. Pero el ambiente en donde se crió era de dentistas, al igual que yo, estuve en contacto con esa profesión desde pequeña”, dice la doctora.

 

“Para mamá lo ideal era que siguiéramos odontología. Decía que era una carrera ideal para una mujer porque podía estar en casa, tener el consultorio y encargarse de la familia. Y muchas mujeres toman ese camino y eso fue lo que hice. Al terminar mi carrera abrí un consultorio en mi casa con mi hermana”, dice la doctora.

 

¿Quién de todos tus hermanos ha estado más cerca tuyo?

En realidad ninguno. No éramos una familia muy unida, yo era la más pequeña y mis hermanos estaban estudiando, el mayor me lleva 14 años, es médico y mi segundo hermano se fue al seminario a los 16, los otros también siguieron su propio rumbo. Y con mi hermana, había cuatro años de diferencia. Ella también se casó muy joven, igual que yo. Pero hoy en día estoy más cerca de mi hermana; como mujeres nos identificamos muchísimo.

Tu familia no era una familia típica, ¡todos los hijos en la universidad!

Todos estábamos en la universidad, el estudio era lo más importante, todos estaban dedicados a sus carreras, yo veía a todo mundo ocupado y era algo lógico el estar estudiando, pues mi vida era el estudio y la espiritualidad. Mi madre se concentró muchísimo en darnos bases sólidas espirituales. Los fines de semana los pasábamos con mi tío en la iglesia. Ese era nuestro ambiente, entre filosofía, teología y también familia, eran muy abiertos, y tenían muchas amistades. Recuerdo que durante las vacaciones siempre íbamos a Michoacán, donde teníamos un par de tíos sacerdotes.

 

¿Qué experiencias guardas de la secundaria?

Ese fue un tiempo muy bonito. Yo estudiaba en una escuela de puras mujeres, era de monjas, tengo una amiga, Rosa, que todavía conservo. Ella era una chica súper estudiosa, súper inteligente, nos sentábamos a estudiar, me inspiraba mucho.

 

¿Recuerdas algún profesor en particular? 

Sí, al profesor de física, era muy estricto, fue un reto para mí. Me gustaba mucho la literatura. La escuela no fue tan fácil, sin embargo tenía muy buenas calificaciones. Tener a Rosa fue algo muy especial, me ayudó bastante porque era una persona muy disciplinada, y además, nos divertíamos muchísimo juntas.

 

¿Cómo se llama tu escuela secundaria?

Las Rosas, y la preparatoria, Instituto Pedagógico Anglo Español, también era católica, sólo de mujeres. Ahí recuerdo bien a la maestra de biología, fue parte de mi inspiración. Me resultó más difícil la preparatoria, además no me dedicaba a estudiar tanto, me faltaba mi amiga Rosa, la extrañé mucho.

 

¿Qué sigues?

En realidad me gustaba mucho la psicología, me apasionaba el baile, pero la presión de mi mamá fue muy grande, era muy determinada, ella veía los pros y contras y yo era una hija obediente. Me decía, “psicología ¡no!”, ella no creía en la psicología y en el baile, ¡menos!, pero igual, yo estudié bailes polinésicos, y también tap, me encanta el baile. Me atraía mucho la psicología, la mente me fascinaba y sé que en mi carrera como dentista hay un poquito de todo, mucho arte, mucha psicología, mucha habilidad manual y lo que no poseía, sabía que lo podía desarrollar.

 

¿Cuándo empiezas la universidad?

A los 17 años. Me enviaron muy pequeña a la escuela y terminé a los 16, y hubiera empezado inmediatamente la universidad pero había huelga, entonces tuve que esperar un año así que empecé a los 17. Mi objetivo era claro, no parar hasta terminar.

 

¿A qué universidad asistes? 

A la Universidad Nacional Autónoma de México, UNAM. El cambio fue radical, de una escuela privada de mujeres y monjas a una universidad pública, con miles de muchachos a mi alrededor que no estaba acostumbrada a tratar. Sí, fue diferente. Sin embargo yo ya estaba de novia.

 

¿Cuándo conoces a tu novio?

A los 14 años, en una reunión familiar, tenía algún parentesco con mi familia. Me caso después del primer año de asistir a la universidad. El era más grande que yo y creo que pensó que debía proponerme matrimonio de inmediato, porque sería ‘ahora o nunca’ que yo podía decir sí. Yo me sentía muy madura y creí que podía ser una unión positiva y feliz.

 

¿Cuál fue la opinión de tu mamá?

Sinceramente esperaba que ella se opusiera, pero no. Para ella era importante que yo encontrara una persona decente y de la misma moral y bueno, nos dejamos llevar por eso.

 

Martha se casa a los 18 años, asiste a la universidad, nace su primer hijo al año siguiente y, cuando está cursando el último año de su carrera nace una niña hermosa. A los 21 años ya tiene un título y una familia con dos hijos, el compromiso de cuidarla y comenzar además, su práctica como dentista. Se lamentó no seguir perfeccionándose. A ella le urgía cumplir sus metas a la perfección, tener una casa, un consultorio, cuidar a su familia y a sus futuros pacientes.

 

¿Qué haces luego?

Mi familia y yo vivíamos en una casa de departamentos, nosotros en el departamento de arriba, y abrí un consultorio en el de abajo. Mi madre ayudó a instalarlo. Mi hermana y yo comenzamos juntas; ella tenía tres hijos y yo dos. Estaba muy satisfecha de estar cumpliendo todos los roles sin embargo sabía que tenía que seguir preparándome y sentí el no haber trabajado primero con un dentista para adquirir experiencia. Mi hermana tampoco la tenía. Esto determinó que aceptara la oportunidad de venir a los Estados Unidos.

 

¿Por qué se vienen?

Mi esposo perdió su trabajo en México y como sus padres vivían en California me propuso venir por un tiempo para después regresar. El es hijo único, quiso venir adonde estaban sus padres y aprender inglés. Mis hijos estaban con muchos problemas de salud en la ciudad de México, muchas alergias, pero al radicarnos acá comenzaron a sentirse muy bien y sus alergias desaparecieron por completo.

 

Llegan a Santa Ana, lugar donde vivían sus suegros, mientras se acomodaban la doctora comienza a estudiar inglés. Estaba encantada por este merecido descanso después de tanta presión familia y de trabajo en México.

“Empiezo a estudiar inglés y luego me informo adonde rivalidad mi título. Mientras tanto el padre de mis hijos estudia también, se va estableciendo y llega a ser residente americano. Nuestros hijos se veían muy bien y resolvimos quedamos”, dice la doctora.

 

¿Qué edad tenían los chicos?

Cuatro y cinco años, así que ellos se formaron acá y les inculqué la necesidad del estudio como lo hizo mi madre conmigo.

 

La Dra. Lucero estudia en la Universidad de California de Los Angeles, UCLA y obtiene su licencia para practicar odontología en los EU en 1987. En 1988 abre su primer consultorio dental en Santa Ana y cinco años después, otro en Garden Grove, ambos en el Condado de Orange. La doctora nota la conexión entre la mente y el cuerpo en sus pacientes y comienza a ofrecer análisis holísticos y planes más comprensivos para cada tratamiento para que mejoren, no sólo su salud oral sino también la calidad de su sonrisa, y la de su vida.

La Dra. Lucero sigue perfeccionándose y cursa programas educativos prestigiosos para estar al día con los últimos adelantos en las diversas ramas de la odontología. Después de practicar Ortodoncia y Ortopedia con éxito por más de 15 años en los EU, la Dra. Lucero recibe un diploma otorgado por el Congreso Internacional de Implantologistas Orales y es la primer mujer latina que logra ese grado, junto a la Dra. Blanca Zamora que trabaja con ella.

La Dra. Lucero se siente muy orgullosa de ofrecer tratamientos para la salud oral general y cosmético a sus pacientes, sin tener que referirlos a ningún especialista. Cuenta con un excelente equipo de especialistas, laboratoristas dentales, y proveedores, quienes colaboran en conjunto para devolver a sus pacientes, confianza en sí mismos y transformar sus vidas con una hermosa sonrisa. La Ortodoncia e Implantes son las prácticas más sobresalientes de sus oficinas, pero la Odontología General son ampliamente impartidas también.

 

“El participar, ver, vivir y lograr estas transformaciones me ha convertido en una persona con una sensibilidad similar a la de un artista que plasma su obra en un lienzo y creo que es esto lo que me ha llevado a compartir ese cúmulo de experiencias, emociones y conocimientos a través de la escritura, programas de radio, seminarios y proyectos internacionales”, dice la Dra. Lucero.

 

La doctora se siente muy orgullosa de sus hijos. El mayor se recibió de médico en Harvard, y está especializado en medicina interna. Luego estudió cardiología en Stanford, le encanta la docencia, la vida del hospital, y se especializó en electro fisiología del corazón. Vive en San Francisco, tiene 36 años y está casado con una boliviana que es psicóloga. Estuvo haciendo estudios en ese país por diez meses y le encantó su cultura, ahora es más boliviano que mexicano”, dice feliz. Tiene dos hijas, la mayor de 35 años vive en Massachusetts, es psicóloga y psicoterapeuta y sigue especializándose; está casada y muy feliz. La más chiquita nació acá, tiene 26 años. “A esa niña le ha gustado mucho disfrutar la vida pero sigue estudiando. Fue muy exitosa en bienes raíces en la época del auge inmobiliario. Después vino a trabajar conmigo y tomamos un curso de mercadeo juntas. Ahora sigue estudiando negocios y yo, apoyándola”, dice la doctora.

 

La doctora empezó a dar seminarios después de diplomarse en implantes. Unos sobrinos venían a prepararse como dentistas acá y ella descubre su capacidad para enseñar a otros dentistas y surge la idea de dar seminarios. Debía hacerle unos implantes al esposo de su hija, entonces aprovecha la oportunidad de hacerlo al frente de dentistas para que ellos aprendan de la misma forma que lo hizo ella, así que en el 2007 debutó en su oficina.

 

Durante su matrimonio, su esposo jamás aceptó la idea de ‘perder el tiempo’ yendo a Tijuana ni que hiciera ninguno de los muchos proyectos que está ahora, uno a uno, materializándolos.

El día que legalmente fue declarada persona divorciada, Mario, el técnico del laboratorio que trabaja con ella por más de 20 años le pregunta si podría ir a Tijuana para ayudar a una mujer que necesitaba dientes.

Mario pertenece a un grupo misionero de Radio Guadalupe y en una misión en Tijuana en enero de 2010, la radio ofreció un evento grande llamado Hombre Nuevo, donde esa mujer pidió ayuda. Mario dijo que se los haría pero que necesitaba a una dentista, pensó en ella de inmediato.¡Claro que me interesa, es mi sueño!, le respondió, y ahí mismo comienza la búsqueda de un lugar para atender a los que más necesitan cuidado dental y dignidad humana.

 

Visitan a unas religiosas de una comunidad muy pobre que se llama El Niño, donde la gente vive en condiciones deplorables. Pero ellas recomiendan visitar la clínica de San Eugenio en Tijuana, porque contaba con dentistas, médicos, oftalmólogos, y pensaron que sería un lugar más conveniente para trabajar. Fueron de inmediato a conocer la clínica y entusiasmada le cuenta a la hermana directora su propósito de dar servicios dentales gratuitos. La hermana, poco amistosa, le aclara que sólo podía dar pláticas y hacer exámenes a sus pacientes porque allí ellos pagaban por los servicios, “si no les cobramos estaríamos yendo contra su dignidad”, dijo. Después de mucho pedir, le permitieron ponerle los dientes a esa persona de Radio Guadalupe que los solicitó.”Di una conferencia, le hicimos los exámenes y nada más. Pero al ver tanta gente necesitada, nos fuimos desconsolados”, dice la doctora.

 

Se enteran que había un convento en Tecate, en el Monte Tabor, que era un lugar sublime, “las hermanas son de contemplación y velan por los pobres. La fundadora fue amiga de la Madre Teresa”, dijeron. A ese lugar iban médicos a ver pacientes cada tres meses y un día, un paciente tenía una emergencia dental que ellos no podían solucionar. Las hermanas se pusieron a orar por un dentista.

“Ese mismo día llegamos nosotros. Al lado del convento había una casita desocupada que los médicos la usan para atender a los  pacientes y veo una silla muy vieja dental que alguien donó años atrás. Para mí esa silla fue una señal. De pronto me llaman, “¡doctora! asómese”, y todos los que estaban conmigo presenciamos algo inolvidable, una puesta del sol magnífica, el sol bailaba ondulante con un halo acompañándolo a su alrededor mientras iba desapareciendo. Fue un espectáculo increíble, yo nunca había visto el sol moviéndose de ese modo, era como un mensaje. Yo había oído que eso sucedió en Medjugorje, Bosnia, y en Lourdes donde apareció la Virgen. Nuestro grupo estaba compuesto de 12 personas y sentí que era otra señal. En ese instante decidimos formar la organización sin fines de lucro y llamarla Apóstoles de la Salud. Mi corazón y mi mente se quaron en ese sitio. De regreso a casa, llamé a un sobrino al que le había enviado unos años atrás, un equipo de implantes de endodoncia, de ortodoncia, y una silla dental de rayos x pensando que algún día él los usaría pero al saber que no, le pedí que me los enviara de regreso”, dice la doctora.

Cuando vuelven dispuestos a instalarse, las hermanas del Monte Tabor se sienten inseguras de dejarlos hacer ningún trabajo. “Me quedé muy triste porque yo ya veía allí un hospital que ofreciera todos los servicios tan necesitados en esa comunidad”, dice.

 

Regresan a la Clínica de San Eugenio, a donde acuden personas sin dientes, con infecciones crónicas, con quistes, dolores insoportables y no los pueden atender por falta de dinero, o de capacitación, no hacen cirugías difíciles porque practican la odontología muy limitada y con miedo, no quieren atender a las embarazadas, o a niños.

La doctora le dice a la religiosa, “Yo vengo a hacer lo que Uds. no pueden hacer y nosotros no vamos a cobrar, nosotros vamos a traer los materiales”, y al ver tal determinación, acepta la oferta y les permite usar su clínica un sábado por mes. “Empezamos de inmediato”, dice la doctora complacida.

Hace ya año y medio que los Apóstoles de la Salud, principalmente formado por Alicia Valeriano, un ser increíble y que trabaja en sus clínicas; Mario Gonzalez, técnico de laboratorio, y la doctora, van un sábado al mes a hacer cirugía, prótesis, endodoncia, frenos, y ahora ya cuentan con un equipo para hacer implantes. Vea los vídeos, ingrese a Youtube, y escriba: apóstoles de la salud.

 

La dentista de la clínica que ha sido entrenada por la doctora Lucero (ahora puede hacer cirugías), otra dentista de Tijuana, una trabajadora social y amigos de los apóstoles están ayudando en esta labor humanitaria, así que la doctora piensa crear otra organización que podría llamarse, Apóstoles de la Salud en México, con ellos y más gente local. Además, esos dentistas están muy interesadas en tomar seminarios con ella como los que dicta en California desde el 2007. Tiene también proyectado crear un hospital bien equipado en Tijuana, totalmente gratuito. Mientras tanto, sigue llevando despensa, ropa, y cambiando no sólo la boca de esas personas sino su autoestima y calidad de vida.

 

 

Últimamente, ha enfrentado drásticos cambios personales, “para mí lo más importante es la familia, pero mis hijos, formados aquí y profesionales muy dedicados a sus carreras, son demasiado independientes; también la pareja se hizo independiente así que me ha tocado marchar sola desde hace unos años. Hoy estoy disfrutando de una casa nuevamente y una familia enorme de amigos leales que ha sido escogida, me siento muy afortunada. Mis hijos a quienes amo, siguen progresando en lo suyo así como yo seguí en lo mío, emigré, me moví, y logré. Hoy día, mi próximo objetivo es fortificar la asociación Apóstoles de la Salud, verla bien sólida y crear otra en Mexico. El servicio a los demás me encanta porque te eleva, te da la gran oportunidad de ayudar”, dice la doctora convencida.

 

La doctora está aprendiendo a administrar sus clínicas y formado otras corporaciones. Entiende que el marketing es todo, “es por eso que estoy muy agradecida con PARA TODOS porque ahí empecé a desarrollarme, a exponerme de la manera que yo me quería exponer, desde hacen siete años atrás. Yo buscaba una revista de calidad, que se me escuchara con respeto y con profesionalismo y pues lo encontré en PARA TODOS. Y me fascinó porque era para mí un compromiso muy hermoso que me invitaba a crecer y hacer algo más profesional, más establecido. Escribirlos fue maravilloso porque cuando me diplomé para implantes tenía que haber publicado artículos entonces presenté mis escritos de PARA TODOS. Además, la gente los ha estado guardando por años, ¡es muy conmovedor!”, dice la doctora.

 

Además de los seminarios de formación profesional que imparte, está trabajando en un libro; tiene una selección de poemas que publicará pronto y le encanta hacer programas de radio. Está en Radio Guadalupe y ahora en La Rockola, de Santa Ana, todos los jueves de 8 a 9 de la mañana, la gente llama, es en vivo y es local. También ha hecho transformaciones en personas, en un evento se ha escogido un grupo de mujeres que están dispuestas a transformarse. Hay historias conmovedoras y cree que cuando se ayuda a cambiar a una persona que no tiene los medios, es una bendición increíble y la recompensa regresa en fuerza, en habilidades, “es mi seguro principal”, dice la doctora.

“Radio Guadalupe nos informó sobre una mujer que ha estado 18 años en cama, que para ella salir de casa significa usar ambulancia, una grúa, porque es muy pesada, no camina, tiene artritis. Los Apóstoles de la Salud fue a atenderla con equipo móvil, “le hicimos limpieza dental, algunos rellenos, le vamos a poner una prótesis, es algo maravilloso, esas funciones llenan mi vida. Y cuando miro a mi alrededor y no está mi familia genética pero tengo una familia muy grande que son mis amigos, mi gente necesitada, ver a esos hermanos que no tienen la oportunidad de adquirir los servicios que yo puedo ofrecer, eso colma mi vida por completo”, dice la doctora.

 

Algún mensaje especial para tus lectores

Uno de mis lemas es transformar sonrisas pero las sonrisas vienen del alma y en esta odontología holística que a mí me gusta practicar, tienes que sonreír desde adentro y la mejor manera de encontrar esa paz, esa sonrisa, es a través del servicio. Cuanto tu das incondicionalmente, se te regresa; si tu das una sonrisa; si tienes la habilidad de invitar a la gente a transformar esa sonrisa desde adentro, tarde o temprano se te va a regresar. La paz, la estabilidad que hoy puedo ofrecer, a pesar de que mi vida haya sido una lucha constante, las he logrado a través de mi profunda fe. Con fe se puede triunfar, superar, y gozar de la vida y dar servicio a otros. La fe te guía hasta el final y es lo que aprendí de mi madre.

 

Tal vez la fe se acentúa cuando uno está en situaciones difíciles

Cuando vine de México, sin el idioma, con tantas expectativas, luchando por un estatus legal y sobretodo intelectual, ser vista y aceptada como doctora, como lo que soy, como lo que me preparé para ser, me aferre a mi fe. Invito a mis lectores a no olvidarse de donde venimos, traemos nuestro orgullo de nuestra raza que no somos simplemente latinos o extranjeros, somos la raza de la lucha, somos inmigrantes. Esa es una raza muy particular y no somos cualquier inmigrante, no venimos a no lograr establecernos en este mundo. La discriminación probablemente existe pero si uno se siente discriminado nunca va a lograr sus metas. Hay que sentirse que pertenecemos, si nos ponemos a pensar, este mundo era nuestro incluso en área. Pues bueno, estamos retornando a lo que era nuestro. Les aseguro a mis pacientes, a la gente que me escucha o leer mis artículos, que se puede lograr, pero hay que ser bien determinado, no dejarse vencer hasta triunfar.

 

 

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